¡Oh gloriosa protectora nuestra Santa Gema!,
tú que cruzaste este valle de lágrimas
tú que cruzaste este valle de lágrimas
sobre las punzantes espinas del infortunio,
experimentando toda suerte de trabajos y dolores,
compadécete,
desde el encumbrado trono de gloria,
que gozas en el cielo,
de quienes nos sentimos desfallecer
bajo el peso de la desgracia.

